Résumé
El estudio de la agricultura medieval en Marruecos ha experimentado un avance significativo en las últimas décadas gracias al desarrollo de enfoques interdisciplinarios que integran fuentes arqueológicas, textuales y bioarqueológicas. En este contexto, la arqueobotanica ocupa un lugar central, al permitir el análisis directo de restos vegetales (semillas, frutos, carbones) procedentes de contextos arqueológicos. Este método ha demostrado ser esencial para documentar la diversidad y las prácticas agrícolas, las cadenas operativas y los modos de explotación de los paisajes, incluso en regiones o periodos donde las fuentes escritas son escasas, fragmentarias o inexistentes. El corpus arqueobotánico marroquí, en constante expansión gracias a proyectos como el ERC SyG MEDGREENREV (Ref. 101071726) y el ANR ISEMA (ANR-23-CE27-0003), revela una agricultura medieval diversificada, que combina tradiciones antiguas con innovaciones introducidas durante este periodo. Los datos procedentes de sitios emblemáticos como Aghmat (valle del Ourika) y Sijilmassa (oasis del Tafilalet) ilustran tanto la persistencia de cultivos mediterráneos tradicionales (trigo, cebada, vid, olivo, legumbres) como la adopción de especies nuevas, como el algodón, posiblemente vinculadas a redes comerciales transaharianas o movimientos de poblaciones subsaharianas. En Aghmat, la combinación de análisis carpológicos, antracológicos e isotópicos ha permitido documentar no solo el papel de la irrigación y la diversidad de terroirs explotados, sino también la importancia creciente de la oleicultura entre los siglos finales del Medioevo y el inicio de la Edad Moderna. Estos estudios revelan una diversidad agrícola más compleja y especializada de lo que sugieren las fuentes textuales, destacando la adaptación de las prácticas agrícolas a las demandas socioeconómicas y ecológicas del territorio. En Sijilmassa, el único oasis marroquí estudiado mediante bioarqueología, los análisis han revelado un sistema agrícola oasiano completo, que incluye palmerales, frutales, cultivos cerealísticos, especies exóticas, y la explotación de leñas típicas de zonas áridas y especies oasianas para combustible, reflejando una adaptación integral a las condiciones desérticas.A través de un enfoque interdisciplinario, esta presentación busca no solo enriquecer el conocimiento sobre la agricultura medieval marroquí, sino también cuestionar las narrativas históricas tradicionales, a menudo basadas exclusivamente en fuentes escritas. Los resultados subrayan la necesidad de ampliar las investigaciones para lograr una cobertura geográfica y cronológica más completa, esencial para comprender las dinámicas de los agrosistemas en el norte de África.